La excesiva “profesionalización” del ciclista medio es un hecho que sólo con salir a la carretera tenemos muy presente.

Ciclistas ataviados con lo mejor, la ropa ceñida y adecuada a cada momento, GPS y aparatitos que miden cada recodo del esfuerzo, material de primera bajo las piernas, rulando por cientos de carreteras y caminos… un paisaje habitual que sin embargo deja de lado esa esencia que perseguíamos cuando, siendo niños, nos poníamos un pantalón corto con una camiseta con la intención de conocer mundo sobre nuestra bicicleta de paseo.

Aquello era aventura, una primera que vez marcó a cientos, miles de personas, que encontraron en la bicicleta el aliado perfecto para abrir horizontes, conocer sitios, y adentrarse en zonas lejanas, en pocas palabras progresar.

De aquellas experiencias iniciales, versa la filosofía de una disciplina, si es que la podemos etiquetar así, que tiene por objetivo romper con la tónica predominante, sin más motivo que salir en bicicleta y dejar que el mundo entre por los sentidos. Esta modalidad es el bikepacking.

Bikepacking o regreso a las alforjas

En definitiva, el bikepacking es eso, la vuelta al ciclismo de alforjas, un viaje de vuelta a la esencia, del instinto de curiosidad e inquietud que rodea a todo buen ciclista. Salir con lo justo, lo que no cabe en la bolsa se deja en casa.

Y así vemos cómo crece la cantidad de esos imperecederos viajeros de rueda fina que se adentran por donde sólo nos adentrábamos cuando éramos niños, en terrenos descocidos, terrenos físicos, pero también emocionales.

No se necesita gran cosa y todo lo que es menester se puede llevar consigo. Podríamos decir que el bikepacking de manual se puede hacer en una gravel bien equipada con bolsas y alforjas perfectamente encajadas en el cuadro de la bicicleta.

En el bikepacking sólo cabe la aventura

 Son tres elementos de almacenaje los que se confunden en la flaca. Una bolsa alargada en el manillar, en la que cabrán elementos como la tienda de campaña para hacer noche donde coincida, una tras el sillín que ejerce casi de “guardabarros”, alargada hasta el final de la rueda, para meter ropa de recambio, la justa eso sí, pues por el camino se podrá reponer y lavar, y una tercera anclada del tubo horizontal de la bicicleta, para aquello que no quepa en las dos anteriores.

Por que el bikepacking es viajar con lo justo y necesario, nada superfluo, con la misma intención que cuando éramos niños, con los bolsillos vacíos y el alma llena de inquietud, trazando una ruta sin prisas, ojos abiertos y corazón proclive a la emoción. No cabe más.

Los itinerarios del bikepacking

Poco a poco crecen los ciclistas que salen de las rutas convencionales y exploran en el terreno desde su misma entraña. Salen y buscan, encontrando la raíz del ciclismo y los motivos por los que la bicicleta fue un éxito desde el primer día que se supo de su creación. 

En el bikepacking sólo cabe la aventura

Todo de forma individual o en grupos no muy grandes. 

España tiene cada vez más empresas de tamaño local que conocen el lugar y te abren el territorio ante tus ojos, mediante consejos y sugerencias que modulen la sensación ve aventura que cada uno esté dispuesto a vivir. Es una buena forma de iniciarse sin presiones ni incertidumbre.

La clave es partir por la mañana con lo justo, intuir el camino y la idea de no saber dónde podrás dormir o parar a hacer un café. Eso lo dirán las horas, en cansancio y las ganas de seguir.

En las bolsas irá lo justo, y entre lo que es necesario, un pequeño bote de WD-40 multiusos para una buena limpieza y lubricación de la máquina al acabar la ruta, para que al día siguiente la experiencia vuelva a ser irrepetible.

Por El Cuaderno de JoanSeguidor